El tiempo que no vuelve

Un día miré el reloj
y entendí que nunca me había esperado.

Los minutos caían como hojas secas,
apilándose en rincones que nunca barrí.
Los años pasaban en reflejos de ventanas
que no me molesté en abrir.

Me di cuenta tarde
de que la vida no grita,
solo susurra.
Y si no prestas atención,
se va sin despedirse.

No hubo una señal,
ni un relámpago de revelación,
solo la certeza silenciosa
de que el futuro no es más
que presente acumulado.

Ahora camino más lento,
respiro más profundo,
dejo que el sol me toque la cara
como si fuera la primera vez.

El tiempo sigue sin esperarme,
pero al menos,
esta vez,
voy con él.

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